jueves, 30 de junio de 2011

¿Adios...? No, CONTINÚA

Cuando alguien comienza la aventura que supone escribir un blog (especialmente cuando tiene que ver con temas profesionales), se expone a que la vida le lleve por caminos buscados... pero imprevistos. Y esto es, a grandes rasgos, lo que me ha sucedido personalmente.

Aunque no puedo decir que me haya desligado totalmente de mi "profesión de bancario", considero que mi situación profesional ha variado lo suficiente como para no continuar con esta aventura. Algunos os dareis cuenta de que esto ha pasado... Sobre todo por la fecha de mi último post...

En todo caso, esto no significa que no vaya a seguir contando cosas que me interesan, me preocupan y quiera mejorar. Por eso, os invito a que sigais visitandome en esta bitácora:


A todos aquellos que me habeis seguido, gracias por haberlo hecho; solo espero que esta nueva aventura os resulte tan interesante (o más) que esta que dejo.

Y si, por casualidad, te encuentras con este blog, disfrútalo. Porque, como digo en el inicio de mi nueva aventura, hoy por hoy sus entradas siguen siendo vigentes.

Saludos, y gracias.

martes, 11 de mayo de 2010

Zooropa

Hoy estoy de enhorabuena. Este humilde blog cumple un año y, por tan insigne motivo, me voy a permitir una pequeña licencia. Les invito a que oigan (lo reconozco, el vídeo es un poquito monótono) la siguiente canción mientras leen la traducción de su letra.

video

En su comienzo, la canción es una lista de mensajes publicitarios de la época (de anuncios de Audi, Colgate, el ejercito de los Estados Unidos...). Posteriormente, describe lo que entiendo es una huida hacia adelante, sin importar nada, todo estará bien....

Lo cierto es que la letra de esta canción de 1993 me recuerda demasiado a la historia de la Unión Monetaria Europea (UME), un montón de mensajes alabando las bondades del Euro (nadie las niega) y, posteriormente, una huida hacia adelante. Me gustaría que hiciesen un ejercicio de memoria. ¿Recuerdan que alguien hiciese mención de los inconvenientes de dicha UME, más allá de la obvia pérdida de soberanía?¿Alguien recuerda que alguien mencionase las consecuencias que podrían traer dichos incovenientes? Si alguien lo recuerda, su comentario es bienvenido...

Expongo esto por la situación que vive en la actualidad el Euro, víctima de los ataques especulativos de una panda de malhechores...¿COMÓ? Perdonen, pero no. La culpa no es de la actuación de los mercados financieros, sean especuladores o inversores. La culpa de esta situación ha sido y es de la clase política europea en su conjunto, donde cada país lucha EXCLUSIVAMENTE por sus intereses nacionales sin darse cuenta de que si el Euro desaparece las consecuencias las vamos a pagar todos los ciudadanos de TODOS los estados.

Parece que en las últimas semanas los lideres europeos se han dado cuenta de esta situación, y por ello están preparando la creación de una especie de "Tesoro Europeo" que podrá actuar en caso de crisis, como ya ha sucedido con Grecia. Así mismo, tanto Alemania como Francia han decidido endurecer las condiciones de control del déficit presupuestario de todos los países de la Eurozona (lo cual tiene cierto sarcasmo, ya que Alemania fue uno de los primeros paises en incumplir las condiciones de Maastricht y nunca fue sancionado por ello). Sin embargo, creo que estas medidas se quedan, como es habitual, cortas.

Para evitar que el Euro vuelva a pasar por las tensiones que vive actualmente es necesario que Europa unifique su política económica y fiscal, especialmente esta última. Sinceramente, no es de recibo que existan paraísos fiscales de facto, como Luxemburgo, dentro de una Unión Monetaria, ya que hace que cualquier incremento fiscal de cualquier país de la Eurozona cuyo objetivo sea las grandes fortunas sea pólvora mojada. Así mismo, la unificación de políticas fiscales provocaría una competencia en igualdad de condiciones entre las empresas de los distintos paises y una optimización de los recursos. Es posible que esta situación provocase situaciones incomodas, en forma de incrementos del desempleo, para más de un gobierno, incluyendo el nuestro. Pero, en el largo plazo, muy probablemente provocaría que recursos ingentes que tan solo sirven para tapar agujeros (casi literalmente), como ha ocurrido con el famoso Plan E (o ZP), se destinarían a aquellos sectores que generasen una mayor productividad (¿Alguien ha dicho I+D+I...?). Evidentemente, la unificación de políticas fiscales tendrían que tener ciertas "especificaciones", atendiendo a la situación de cada territorio. Lógicamente, también, estas tendrían que ser las excepciones, no la regla.

Tampoco sería descabellado la unificación de políticas económicas. Pensiones, prestaciones por desempleo, control de subvenciones, coberturas sanitarias, incluso educación... La unificación de estas políticas favorecerían una mayor dinamización de los flujos económicos (y también personales) y evitaría que algunos países tuvieran la sensación de que el Euro es barra libre...en todos los sentidos.

Por desgracia, creo que nada de lo que creo que debería de hacerse se hará...y Europa seguirá siendo ZOOROPA.

sábado, 8 de mayo de 2010

Sí, soy especulador ¿Y usted no?

Imagínense la siguiente situación: entra en un concesionario de automóviles multimarca y ve dos coches. Por un lado, un Renault 19 Diesel de 1992, con 65 CV de potencia y en un estado, por lo demás, bastante bueno. Por otro lado, un Porsche 911 Turbo nuevo, recién llegado de la fábrica alemana. Ambos coches tienen el mismo precio en este concesionario: 18.000 euros. Si ustedes buscan un poco por internet, podrán ver que el PVP recomendado del Porsche se acerca a los 164.600€. Si busca el precio del Renault, se encontrará con, como mucho, unos 1.500€. ¿Qué coche se comprarían ustedes? Sinceramente, yo lo tendría claro. Me compraría el Porsche, aunque tuviese que pedir prestado el dinero, lo disfrutaría unos días (pónganle unos 1.500 km.) y lo vendería por unos 135.000€. Entre gastos, intereses y comisiones, obtendría unos 110.000€ de beneficios. Según el diccionario de la R.A.E., sería un especulador.

Imagínense de nuevo el anterior concesionario. Imagínense que acudimos a él en el coche (cualquiera) que acabamos de comprar. El dueño nos vende el Porsche con la condición de que cuando nos quedemos sin el coche en el que hemos venido le compremos el Renault por los 18.000€. Realizamos la operación que indicamos más arriba, ganando 110.000€. Con esos 110.000€ nos vamos de viaje, vamos a los mejores restaurantes, compramos cosas innecesarias...en resumen, los dilapidamos. Una vez dilapidado, en la misma semana nos quedamos en paro y...estrellamos el coche, siniestro total. No nos pasa nada, pero, debido a la clausula que nos puso el vendedor, tenemos que gastarnos 18.000€, que no tenemos, en un coche que no vale más de 1.500. De repente, el idiota que nos había vendido un coche de 165.000€ por 18.000 pasa a ser el hijo de p... que nos ha vendido un coche de 1.500€ por 18.000€. Es decir, ha ganado un 1.100%. Pedazo de cab...

Más o menos, este último ejemplo se puede aplicar a lo que ha sucedido durante los últimos años entre los gobiernos europeos y los especuladores que operan en los mercados. El vendedor del concesionario serían los especuladores, ofreciendo lo bueno y lo malo que comporta actuar en los mercados, mientras que los gobiernos serían los compradores de los coches. El Porsche sería las épocas de bonanza de los mercados (si tomamos como ejemplo el Ibex 35, este índice obtuvo una rentabilidad del 202,17% entre octubre de 2002 y diciembre de 2007, lo que supone un T.A.E. del 15%; si vemos lo sucedido entre marzo de 2009 y enero de este año, la subida es del 79,53% ¡¡¡En 9 meses!!!) y el Renault, obviamente, las bajadas (un 57,44% entre diciembre de 2007 y marzo de 2009 y casi un 26% entre enero de este año y el pasado viernes).


Generalmente, se dice que un inversor es aquel que compra una serie de valores o activos financieros con el fin de mantenerlos a largo plazo, esperando obtener una rentabilidad acorde con el riesgo asumido en forma de dividendos, cupones y diferencia entre el precio de compra y de venta. El especulador sería aquel que, realizando la misma actividad, la realiza a un plazo más corto. Hablando mal y pronto, esa diferencia es una chorrada. Un inversor es aquel que, disponiendo de un capital, lo invierte en un negocio con el fin de desarrollarlo y controlar su gestión y/o los rendimientos principales derivados de su actividad. El resto, somos especuladores, a mayor o menor plazo. Visto desde este punto de vista, tan solo aquellos que acudiesen a las OPS (Oferta Pública de Suscripción, donde el dinero entra en la empresa) o a ampliaciones de capital, con el fin de mantener las acciones a largo plazo, serían inversores. Y déjenme que les confiese una cosa: de esos, hay muy pocos...

Los gobiernos europeos han iniciado una caza de brujas en contra de los "tiburones especuladores" que operan en los mercados financieros cuando el único pecado que han cometido es hacer de forma eficiente su trabajo, ya que han evaluado los riesgos que supone invertir en deuda europea y han estimado que los riesgos eran mayores de lo que estimaban hace unos meses, lo que implica que los países pagan más intereses por su deuda. Alguien dirá que esos "tiburones" son los mismos a los que los gobiernos inyectaron dinero de forma masiva hace unos meses; y es cierto... en parte. Porque, sin irnos de casa, nadie ha inyectado dinero ni en el Banco Santander ni en BBVA...ni en el Barclays en el Reino Unido...y estos son grandes actores del mercado. Y, al fin y al cabo, estos especuladores tienen un papel fundamental en los mercados, ya que son los que permiten que los mercados sean eficientes y los que hacen que los mercados suban y bajen de forma ordenada.

Los gobiernos europeos, y si me permiten un consejo, deberían de dejar de desviar la atención hacia los malos malísimos y centrarse en aportar e implementar soluciones para salir de esta crisis con los menores daños posibles. Y eso, de momento, y por desgracia, no está ocurriendo. Y eso lo reflejan los mercados, para bien y para mal.

viernes, 30 de abril de 2010

¿Que implicaciones tiene que nos rebajen el rating?

Retomo la publicación de este humilde blog con un tema que lleva en la portada de todos los medios durante los últimos días. Las rebajas de rating que las agencias de calificación están aplicando a la deuda emitida por diversos países (situación que está sufriendo especialmente Grecia, aunque también Portugal y España) esta provocando una verdadera convulsión en los mercados financieros europeos. Esta situación tiene múltiples implicaciones, algunas de las cuales han sido profusamente explicadas en los medios, si bien creo que merece la pena repasar dichas implicaciones, ya que no siempre son tenidas en cuenta.

Antes de entrar en materia, merece la pena hacer una pequeña reflexión sobre los riesgos que tiene la inversión en renta fija. Popularmente, este tipo de inversiones tienen la consideración de seguras frente al riesgo que implica invertir en renta variable (bolsa) u otros activos (divisas, materias primas, derivados financieros). Esta consideración viene dada por dos factores.

El primero es el conocimiento de los rendimientos que se van a obtener de esta inversión, ya que se conocen tanto el tipo de interés que se va a recibir como las fechas en las que se pagan tanto los intereses como el importe de la inversión (Principal).

El segundo, quizás menos conocido pero que hay que tener en cuenta, sobre todo en la deuda emitida por empresas, es que los poseedores de deuda son los primeros en cobrar en caso de que una compañía quiebre. Este último es el más importante, ya que hay que tener en cuenta que pueden darse situaciones en las que el titular de un bono puede no recibir los intereses y/o el dinero invertido.

Y es aquí donde entran en juego las agencias de calificación, ya que estas emiten su veredicto (el famoso rating) después de haber estudiado la situación financiera de cada empresa analizada y la coyuntura económica del país.

La bajada de un escalón en el rating de la deuda pública española por parte de S&P significa que esta agencia de calificación percibe que la economía española se encuentra peor preparada que hace unos meses para hacer frente al pago de los intereses de la deuda que ha emitido y va a emitir. Las consecuencias más inmediatas y que afectan a todos los ciudadanos quedan bastante bien explicadas en este artículo del diario Expansión.

Sin embargo, este articulo no indica las consecuencias que esta bajada tiene para aquellas unidades (empresas o familias) que tienen capacidad de ahorro.

Así, empezando por aquellos que poseen directamente títulos de deuda pública española, la primera consecuencia que se encontrarán es que, si necesitan vender estos títulos en el mercado, el resto de inversores pagarán menos dinero por ellos que hace unos días. La explicación es simple: los inversores exigen una mayor rentabilidad a la deuda española, y dado que el tipo de interés de los bonos, pagarés,... ya está cerrado para los títulos que están en el mercado, los inversores obtienen una mayor rentabilidad comprando esos títulos a un precio inferior al existente antes de la bajada de rating. Dicho de otra forma, aumenta la TIR exigida a estas inversiones, por lo que cae el precio de la deuda.

Esta caída de precios genera el siguiente grupo de afectados, los fondos de renta fija y planes de pensiones. En este caso, la situación es algo peor si cabe, ya que los rendimientos que estos fondos generan para sus titulares vienen dados fundamentalmente por los precios de los activos, por lo que una caída en el precio de los bonos generará pérdidas para todos los titulares. En este sentido, cabe recordar que con el derrumbe de las cotizaciones de bolsa durante el año 2008 gran parte del dinero que huyó de la bolsa se refugió en este tipo de fondos, especialmente aquellos que invertían en deuda pública estatal. En este sentido, la alternativa menos arriesgada, aunque también menos productiva, es elegir aquellos fondos que inviertan en renta fija pero al plazo más corto posible, ya que el comportamiento de este tipo de fondos tiende a ser muy similar a la evolución del Euribor y las variaciones de tipos de interés, que al final son las que provocan los aumentos o las caídas en los precios de los bonos, les afectan en un grado mucho menor.

El siguiente grupo de afectados tiene una relación menos directa a primera vista y suelen verse menos afectados debido a las características de los productos. Son los fondos de inversión garantizados (en todas sus variantes) y los productos estructurados (aquellos ligados a la evolución de un índice, valor o cesta de ambos tipos). Este tipo de productos esta conformado en un porcentaje muy elevado por bonos, obligaciones o productos similares, cuyo vencimiento es igual al del fondo garantizado o producto estructurado, más opciones financieras sobre los índices o valores a los que están referenciados. Dado que, frecuentemente, los titulares de este tipo de productos suelen mantenerlos hasta el vencimiento, el efecto de la caída del rating no suele ser visible. Sin embargo, si por cualquier motivo necesitan vender estos productos antes del vencimiento, y esa necesidad surge en estos momento, probablemente hayan perdido parte del valor que hubiesen alcanzado.

Finalmente, los últimos afectados, como hemos podido ver esta semana, son los inversores en renta variable. En este caso, a diferencia de los anteriores, la relación es indirecta. La existencia de dudas en torno a la posible mala evolución económica de un país provoca que esas dudas se trasladen a las empresas que operan en estos países. Así mismo, el aumento en los costes de financiación del país también se traslada a las empresas, por lo que, razonablemente, las cotizaciones caen.

Después de conocer las consecuencias, al lector le puede surgir la duda respecto al papel que tienen las agencias de calificación en la situación económica actual. Sin embargo, ese será un tema que trataremos más adelante.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Un cambio de rumbo imprescindible

Si uno se para a ojear la prensa económica de nuestro país de los últimos meses, podrá comprobar que, más allá de una situación convulsa en el sector financiero patrio, propiciada por la brutal crisis que hemos padecido y padecemos, tenemos un sector en concreto que está pasando por un momento crítico; no en el sentido de necesitar operaciones a vida o muerte, que algún caso hay, sino más bien de necesitar un cambio profundo, una catarsis para afrontar los retos futuros con una saludable fortaleza. Este sector es el de las cajas de ahorro.

El pasado fin de semana ojeaba en El País un muy interesante artículo donde se presenta la situación actual de estas entidades y los posibles planteamientos de futuro para mejorar la gestión de estos elementos básicos del sistema. Y , sinceramente, creo que merece la pena entrar a analizar y valorar estos últimos.

Sin duda alguna, coincido plenamente con el planteamiento de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA): es imprescindible eliminar las injerencias políticas en la gestión de estas entidades. Sin entrar a valorar en detalle casos como la vergonzosa trifulca política provocada por el Partido Popular con motivo de la renovación de la cúpula de Caja Madrid (que se califica por sí sola), todo el mundo sabe que en una gran mayoría de casos las cajas de ahorro han sido un juguete financiero perfecto para que los políticos acometiesen toda clase de proyectos, sin entrar a valorar su viabilidad financiera ni los riesgos en los que se incurrían, y beneficiando, en algunos casos a personajes afines a los poderes locales.

Sirvan como ejemplo dos casos bien distintos pero muy similares: CajAstur es el principal (por no decir único) financiador de la nueva Área Residencial de Roces, megaproyecto de (en su mayoría) vivienda pública auspiciado por el Gobierno del Principado de Asturias. Por otro lado, y esto si es muy flagrante, el presidente de Caja España es, a su vez, dueño de un gran grupo promotor y constructor local. Y, claro, lógicamente, con la que está cayendo, a principios de 2009 varias empresas de este grupo duplicaron las lineas de crédito y avales que mantienen con Caja España. Estoy convencido de que han hecho lo mismo con otras constructoras leonesas, ¿verdad...?

Por tanto, y para evitar casos como el de CCM (cuyo proceso de adjudicación tampoco es que haya sido especialmente transparente), CajaSur (abocada por su situación a la fusión con Unicaja), Caixa Catalunya (caso similar al de CajaSur) u otras cajas con graves ratios de morosidad, es imprescindible sacar de la gestión de estas entidades a los poderes políticos. La propuesta que realizan desde Analistas Financieros Internacionales (AFI) es muy interesante, y puede ser complementada.

Una de esas medidas que podrían complementar la ya indicada desde AFI sería la transformación de las cajas de ahorro en holdings (virtuales), separando y haciendo independientes los tres grandes "negocios" de las cajas: la obra social, la corporación industrial y el negocio puramente bancario.

Las obras sociales podrían transformarse en fundaciones, donde se ejercería el control social (lease control político) de los beneficios sociales generados por las otras dos ramas del holding. Estas fundaciones se financiarían (exclusivamente) con unos porcentajes fijos (lo lógico sería establecer entre un 25% y 50%) sobre los beneficios tanto de las corporaciones industriales como del negocio bancario. Estas fundaciones serían los accionistas de referencia de ambos negocios aunque no deberían de poder ejercer un poder absoluto sobre ellos, ya que de ese modo caeríamos en los mismos errores actuales. En este marco, la emisión de cuotas participativas con derechos políticos propuesta por AFI es básica.

Con respecto a las corporaciones industriales, estas deberían de englobar toda la cartera de empresas participadas excluyendo el negocio bancario: desde compañías de seguros a inmobiliarias pasando por lineas aéreas, energéticas, etc. Lo más beneficioso sería que estas corporaciones cotizasen en bolsa, como ya lo hace Criteria, ya que de esta forma, aparte de gestionar proyectos clave desde un punto de vista político, estarían obligadas a que las inversiones realizadas fuesen rentables, y no solo con el fin de financiar la obra social de las fundaciones.

Finalmente, el negocio bancario podría transformarse en Bancos "per se", aunque sinceramente creo que sería muy beneficioso darle un giro a la orientación del negocio que actualmente realizan las cajas. Como dice un tal Emilio Botín, que, estarán conmigo, de esto sabe algo, en el negocio bancario es necesario volver a lo básico. En el caso de las cajas de ahorro, esta necesidad casi se convierte en obligación. Si chirría el hecho de que entidades de solvencia contrastada se vean envueltos en problemas como el de las coberturas de tipos de interés (ya comentadas en este blog) o el de la venta de bonos basura, el hecho de que haya al menos once cajas de ahorro cuyos clientes se quejan de las coberturas de tipos que estas les han vendido y al menos otras cuatro (directamente o a través de sus divisiones (Bancos) de Banca Privada) cuyos clientes se quejan de los bonos basura (de Lehman Brothers o los bancos islandeses) que les vendieron.

Es necesario que el negocio bancario de las cajas de ahorro vuelvan a la venta de productos tradicionales, con una adecuada gestión de los riesgos y un buen asesoramiento, de forma que problemas como los anteriormente descritos no vuelvan a repetirse. Quizás deberían de aplicar la máxima de vender los mismos productos al que tiene 50€ y al que tiene 50 millones, adaptándose a cada circunstancia. En definitiva, volver a ser las entidades que eran, pero con el tamaño necesario para poder afrontar los desafíos que ha generado la crisis financieras.

martes, 22 de septiembre de 2009

SICAV, un ¿mal? necesario...

En los últimos meses asistimos a un debate interesante respecto al rumbo que ha de tomar la política ecónomica en nuestro país y en un entorno tan complicado como es el actual. Dentro de este debate, sobresale, desde un punto de vista bancario, el aspecto de la tributación de las SICAV.

Ningún ecónomista discute que los impuestos directos son más "justos" desde un punto de vista social que los indirectos, ya que con los primeros paga más quien más gana. Por tanto, con una subida de impuestos a la vista, lo justo sería que dicha subida afectase más a los más ricos. Y es en este punto donde aparecen las SICAV (acrónimo de Sociedad de Inversión de Capital Variable).

Una SICAV no deja de ser un fondo de inversión hecho a la medida de un gran patrimonio, aunque con ciertas limitaciones. Para poder constituir una es necesario tener un mínimo de 2,4 millones de euros y, así mismo, debe de existir un mínimo de 100 accionistas. Para una gran fortuna, el primer requisito no es ningún problema. El segundo requisito puede ser más complicado, aunque si uno no tiene 100 familiares o amigos que quieran meterse en esta aventura inversora siempre puede pedirle consejo a la entidad gestora para que encuentre alguna alma caritativa dispuesta a aportar su nombre y un capital ínfimo para que la sociedad salga adelante. Y todo esto, ¿para qué?

Pues simple y llanamente para diferir y reducir a su mínima expresión el pago de impuestos. El funcionamiento en este setido es muy simple. Como cualquier Institución de Inversión Colectiva (IIC), las SICAV sólo paga un 1% de los beneficios que genera y los accionistas de estas IIC pagan en su IRPF un 18% de los rendimientos obtenidos siempre y cuando se vendan las participaciones. Simple y llanamente. A modo de ejemplo, cualquier ciudadano sujeto al pago del IRPF pagará un 18% de los rendimientos obtenidos en instrumentos de ahorro (cuentas, depósitos, cupones de bonos, venta de participaciones en fondos de inversión, acciones o instrumentos de renta fija, etc.), mientras que el propietario de la SICAV sólo pagará un 1% de sus beneficios, ya que estas inversiones se realizaran a través de la sociedad. Es decir, con una buena planificación los propietarios de las SICAV pagarían ese 18% dentro de unas cuantas decadas...Y, entonces, ¿por qué el gobierno permite esta aberración fiscal?

Pues, simple y llanamente, porque vale más recaudar sólo un 1% del beneficio de todas estas grandes fortunas que no recaudar nada, ya que en el momento en el que el gobierno aumente la carga tributaria de estas sociedades los dueños no creo que se lo piensen dos veces: trasladarán sus sociedades, y con ellas sus fortunas, a cualquier paraíso fiscal que les dé la bienvenida. Y, cosas de la vida, en la zona Euro (si hablamos de Europa hay unos cuantos más) hay dos, Irlanda y, sobre todo, Luxemburgo, por lo que nadie podría ponerles el más mínimo problema, en virtud del libre movimiento de capitales dentro de la UE.

Por tanto, y en mi modesta opinión, el problema ético que representan las SICAV, para un gobierno dispuesto a subir los impuestos en un momento de crisis como el actual, seguirá manteniéndose en tanto no exista un consenso mundial para la eliminación total y absoluta de los paraísos fiscales. Y esta situación, en mi modesta opinión, no se puede dar, ya que los primeros interesados en la existencia de estos son las entidades financieras de todo el mundo, ya que son el mejor reclamo para obtener la gestión de las grandes fortunas mundiales. Y si no lo creen, plantéense la siguiente cuestión. Llevamos tres grandes reuniones del G-20 para tratar la crisis en la que estamos inmersos (Washington, Londres y Pittsburgh). En todas ellas ha habido dos temas estrella en los que los países han fracasado estrepitosamente, la regulación mundial de los mercados financieros (todo sigue exactamente igual que hace 2 años y medio) y la regulación de los paraísos fiscales (algo se ha avanzado, pero siguen funcionando de manera más o menos impune).

Y eso que son los países más poderosos del planeta...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Banca y ética ¿Dos palabras incompatibles?

Hablando con un buen amigo surgió el término que da título al post. "¿Banca y ética en la misma frase? Esos dos términos son incompatibles..." Sin lugar a dudas, su frase resume una creencia generalizada dentro de nuestra sociedad.

Sin embargo, ambas palabras son compatibles y dan lugar a un segmento de mercado que en Europa tiene cierta tradición, que desde hace unos años está implantada en nuestro país y que, poco a poco va haciéndose hueco.

La oferta de este tipo de entidades suele ser sencilla: nada de complejos productos estructurados, ni derivados... En la parte de ahorro, tan solo cuentas corrientes o de ahorro, depósitos y, como productos más arriesgados, certificados de deposito de acciones y, próximamente, fondos de inversión. En la parte de financiación, el único producto que se puede obtener es una tarjeta de crédito, eso sí, previa constitución de un depósito que garantice la linea de crédito otorgada por la entidad (cuando oí hablar de este trámite me pareció engorroso, aunque, si uno lo piensa bien, si todas las entidades financieras hubiesen echo lo mismo probablemente se hubiesen ahorrado algún que otro quebradero de cabeza, especialmente las fuerzas comerciales...). Los productos anteriormente señalados pueden ser contratados por cualquier persona, física o jurídica. Sin embargo, no son los únicos que comercializan estas entidades.

Aparte de las ya comentadas tarjetas de crédito, estas entidades poseen distintos productos para financiarse. Sin embargo, para poder acceder a ellos es necesario cumplir con la política ética de la entidad, lo que garantiza el carácter ético y social de estas entidades, garantizando, a su vez, la financiación a proyectos económicos viables, de carácter social, cultural o medioambiental. Este es quizás el punto que diferencia a estas entidades de sus competidoras más cercanas, las Cajas de Ahorro.

Las Cajas funcionan como lo hace cualquier banco, financiando todo tipo de proyectos y captando todo el capital que puede. Lo único que lo diferencia de los bancos es el destino de sus beneficios, ya que la parte que no refuerza sus fondos propios va destinada íntegramente a la obra social de estas entidades. En el caso de la banca ética, la entidad tiene ánimo de lucro y una base accionarial, lo que le obliga a generar beneficios. Pero esta generación de beneficios esta condicionada por la ética en la concesión de financiación, lo que implica no sólo un beneficio económico sino también un beneficio social.

En España, las entidades que participan en este segmento (siendo las más reconocidas Fiare, agente en España del italiano Banca Popolare Etica , y Triodos Bank, banco holandés líder europeo) tienen un gran reto por delante, que es el incrementar su visibilidad, si bien parten con unas buenas bases: por un lado, el no competir "cuerpo a cuerpo" con las grandes entidades, ya que no funcionan como el banco del día a día y están especializados en un segmento de la economía que las grandes entidades no tienen como prioridad; por otro lado, la calidad de los productos que ofrecen es buena, ofertando rentabilidades por encima del euribor, y tienen un potencial de desarrollo de productos bastante elevado, ya que cada vez existe una mayor concienciación respecto al destino que se le da a nuestro dinero.

Todo ello le otorga un futuro esperanzador a este segmento.